• Quizá Don Eloy sea bastante ajeno a la admiración que despertaba entre los jóvenes estudiantes, allá por los años finales de la pasada centuria, uno de sus trabajos menores, entendiendo ‘menor’ no por lo que se refiere a su valía (que en absoluto es nimia), sino sólo para separarlo, en cuanto a extensión y objetivos, de su scripta maiora. Nos referimos al artículo A Toledo los diablos, que figuraba en el homenaje a Derek Lomax publicado en 1995. Si se nos hubiese aplicado a los jóvenes proyectos de medievalistas el manido tópico borgiano de cuáles serían las páginas escritas por otro que nos hubiera gustado escribir, muchos habríamos coincidido en señalar la paciente pero tenaz pericia del maestro para contrastar todas las fuentes posibles en busca de desenredar el enigma que aparecía en la Historia de España de Aguado Bleye atribuido a Elipando de Toledo. Don Eloy lo resolvía mediante un abrumador conocimiento de todas las fuentes latinas y vernáculas de la época medieval y, por supuesto, de toda la bibliografía actualizada, para acabar por concretar que la frase era del monje flamenco Helinando y que, asimismo, debía la urbe del Tajo su fama como cenáculo de estudios diabólicos a un variopinto elenco de leyendas, entre las que la cueva de Hércules o la mesa del rey Salomón no eran sino tibias muescas de la compleja mitología hispana. En definitiva, no nos parece en absoluto un elogio gratuito admitir que la admiración, tanto la de ayer como la de hoy, se debe a que es un trabajo inigualable.
    Algún tiempo más adelante, a lo largo de nuestra propia investigación destinada a la realización de la tesis doctoral, nos fue de gran ayuda otro artículo de Don Eloy que tal vez es más conocido por los interesados en la literatura de la época medieval que por los historiadores: la modélica biografía de Lope de Estúñiga.